jueves, 8 de agosto de 2013

Las 8 verdades esenciales que todos aprendemos demasiado tarde

El artículo de portada es PSICOLOGÍA PROSPECTIVA. Lecciones de vida. .
  
Basado en el libro de la enfermera australiana Bronnie Ware Los cinco grandes arrepentimientos de los moribundos (The Top Five Regrets of the Dying, en el original) y en opiniones de diversos expertos en neurociencia y psicología. Las ocho verdades son las siguientes:

1. Necesitamos un día de completa soledad y libre de estímulos para conseguir el funcionamiento óptimo del cerebro. Según Bronnie Ware, los moribundos se arrepienten más de lo que no han hecho (sus aficiones) que de lo que han hecho. Vivimos en un mundo de presión social (El poder de los introvertidos, de Susan Cain).

2. Cultiva la amistad y presérvala. La amistad está ligada a la salud física (Bert Uchino, Universidad de Utah). La falta de relaciones genera tanta mortalidad como fumar, la obesidad o no hacer ejercicio (Julianne Holt-Lunstad, Universidad Brigham Young). Sin amistades, somos más proclives a enfermendades infecciosas (Sheldon Cohen, Universidad Carnegie Mellon). Pero vivimos en una sociedad individualista, con sujetos arrogantes (Jean Twenge, Generation Me).

3. La intuición no es suficiente. El impulso altruista debe estar acompañado de un análisis adecuado de la realidad. “El camino del infierno está empedrado de buenas intenciones”. Vivimos en una sociedad de blanditos, hijos pequeños tiranos, creados por padres sobreprotectores (Estroff Marano, A Nation of Wimps: The High Cost of Invasive Parenting; Una nación de flojos. El alto coste de la paternidad invasiva).

4. Aprende a perder el tiempo. “Ojalá no hubiera trabajado tanto”, le decían muchos de sus pacientes a la enfermera Bronnie Ware. Sabemos que para ser un experto, hay que invertir 10 años de trabajo a razón de 40 horas semanales durante 50 semanas al año (Herbert Simon, psicólogo y Premio Nobel). La clave, para Richard Koestner (Universidad McGill) es no tener expectativas materiales excesivas, no envidiar a otros y no marcarse metas irrealizables. Después de un paseo relajado aumenta la memoria y la capacidad de ejecución (Stephen Kaplan, Universidad de Michigan). La depresión no proviene de una inactividad momentánea, sino del perfeccionismo (Carl Honoré, Elogio de la lentitud).

5. Busca la afinidad en las relaciones. Es mejor llevarse bien y tener cosas en común (Hal Urban, Las grandes lecciones de la vida). Conocerse en un momento arriesgado aumenta la probabilidad de emparentarse (Donald Dutton y Andarthur Aron, Universidad de British Columbia). Estamos más dispuestos a ayudar a l@s guap@s, porque les consideramos más simpátic@s y divertid@s (Michael Efran, Universidad de Toronto). Es preciso distinguir entre el amor pasional y el cariño tranquilo que viene después (Francesco Alberoni, Enamoramiento y amor).

6. Aprende a dosificar. Todo puede ser medicina o veneno, según las dosis. ¿Impulsividad, reflexividad? Nada en exceso. Es la importancia del autodominio. Todos los problemas de salud mental tienen que ver con la rigidez (Ronald Laing, psiquiatra).

7. Mantén hábitos sanos y una vida ordenada. Está muy estudiada la relación entre desorden y problemas psíquicos. Necesitamos al menos 2 meses de repetición para fijar hábitos sencillos y años para eliminarlos. Comer bien, evitar adicciones, estudiar o el ejercicio físico lleva tiempo de implantación.

8. Acepta a los demás tal como son. La rigidez genera muchos problemas de relaciones. En el mindfulness (atención plena) se insiste en aceptar y no juzgar para una buena vida.

 Revista Muy interesante
 Enero de 2013
 Por: Luis Muiño

Tomado de: http://jccubeirojc.blogspot.ch/2012/12/las-ocho-verdades-esenciales-que-todos.html

martes, 6 de agosto de 2013

Por qué no eres tan guapo como crees

Quilo de Ciencia - nos vemos guapos 
Desde que se inventó la fotografía, allá por la década de los años 30 del siglo XIX, descubrimos también un hecho hasta entonces desconocido: que nadie, o casi nadie, está satisfecho con su imagen en las fotografías. Siempre salimos más feos o feas de lo que somos, aunque otras personas, sobre todo si no son amigas nuestras, sí salen tal como son. ¿Por qué? 

Investigaciones recientes en psicología social han demostrado más allá de toda duda que la gente utiliza muchas e ingeniosas formas de mejorar, respecto a la realidad, la imagen mental que posee de sí misma. En suma, la mejora de nuestra propia imagen es el producto de un filtrado sesgado y más o menos elaborado de la información sobre nosotros mismos. Un filtrado sesgado similar lo hacemos también con los demás, pero en sentido contrario, es decir, incrementando sus rasgos negativos por encima de los positivos, por lo que casi todos resultan, en comparación, siempre peor parados que nosotros. Somos los mejores. ¿O no? Probablemente, creerás que estos sesgos los realizan solo otros; tú eres perfectamente objetivo con todos, incluido contigo mismo. ¿No estarás, de nuevo, mejorando tu imagen?

De todas formas, el procesamiento sesgado de la información sobre nosotros mismos y sobre los demás no puede explicar por qué salimos feos en las fotos. Vamos a ver: si hay algo que vemos repetidas veces a lo largo del día es nuestra imagen en un espejo. Sabemos perfectamente como somos, y cuando nos vemos en una foto, podemos compararla a nuestra imagen mental actualizada hace solo unas horas, como máximo. Además, no nos creemos los más guapos, o guapas. Sabemos que ahí fuera hay personas mucho más guapas que nosotros. No hay más que ver un rato la tele.

Sin embargo, investigaciones en psicología social han demostrado igualmente que la gente utiliza, además de procesos conscientes, también procesos inconscientes para mejorar su autoestima. Así lo revelan estudios que demuestran, por ejemplo, que nos gustan más las letras que se encuentran en nuestros nombres que las que no forman parte de ellos. No existe un canon de belleza establecido para las letras, así que ¿por qué nos han de gustar más las de nuestros nombres? La razón, al parecer, es que efectuamos asociaciones positivas con lo que consideramos nuestro, y tendemos así a mejorarlo. ¿Podríamos pues inconscientemente mejorar también nuestra imagen mental a partir de nuestra imagen real en un espejo?

Para averiguarlo, los doctores Nicholas Epley, de la Universidad de Chicago, y Erin Whitchurch de la universidad de Virginia, han llevado acabo un ingenioso estudio posibilitado por la moderna tecnología de la imagen. En este estudio, los científicos tomaron fotografías de los participantes, quienes, tras ser fotografiados, se sometieron a unas pruebas para medir su autoestima, tanto implícita (es decir, lo que realmente creen de sí mismos), como explícita (es decir, lo que dicen que creen de sí mismos a los demás).

A continuación, las fotografías de los rostros de los participantes fueron manipuladas por ordenador para “fusionarlas” con otras. La fusión o mezclado de cada rostro se llevó a cabo bien con un rostro estándar más atractivo, más guapo, bien con otro rostro estándar más feo. Esta fusión se realizó en diversos grados (de 10% a 50%), lo que consiguió diez rostros de cada participante: cinco progresivamente más atractivos y cinco progresivamente menos atractivos que el original, pero siempre reconocibles como el rostro de cada participante.

Tras realizar este trabajo de fusión fotográfica y analizar los resultados de las pruebas de autoestima, los participantes fueron convocados de nuevo de dos semanas a un mes después de que se les tomara la foto. En ese momento, se les presentó la serie de fotos con su rostro original y los otros diez rostros resultantes del trabajo de fusión fotográfica anterior, y se les pidió que identificaran su rostro real. ¿Elegirían los participantes correctamente, o elegirían otro rostro menos o más atractivo que el suyo?

Y bien, probablemente no te sorprenderás al conocer que, como era de esperar, los participantes eligieron un rostro más atractivo que el original como el que consideraban suyo. Pero lo más interesante fue que cuanto mejor pensaban de sí mismos de acuerdo al resultado de las pruebas de autoestima implícita, es decir, de acuerdo a pruebas que miden realmente la autoestima que cada uno posee sin falsa modestia, más atractivo era el rostro que consideraban como suyo. Hubo gente que llego a elegir el rostro más guapo (los que se creen Angelina Jolie o Brad Pit, los cuales, hay que aclararlo, no participaron en el estudio); hubo también quien eligió el rostro más feo (pobres diablos deprimidos que se creen Quasimodo), pero, en general, la mayoría de los participantes eligieron como suyos los rostros mejorados un 20%: la inmodestia tiene un límite para la mayoría, bueno es saberlo.

Pero, ¿sucede este fenómeno con todos los rostros, o solo con los nuestros? Para comprobarlo, se pidió a los participantes que eligieran de entre una serie similar de fotos manipuladas cuál era el rostro real de algunos sus amigos o el de los científicos que dirigían el experimento, con quienes no tenían relación afectiva alguna. Los resultados indicaron que si se trata de un amigo, se elige también un rostro mejorado, pero si es el de una persona extraña o poco conocida, se elige el rostro real con bastante exactitud. Esto significa que podemos saber cuál es el rostro real de las personas en sus fotos, pero cuando apreciamos a alguien, particularmente si ese alguien somos nosotros mismos, inconscientemente mejoramos la imagen física que de él o ella nos formamos en nuestra mente.

En conclusión, cuanto mayor autoestima tenemos de nosotros mismos, y más estimamos a nuestros amigos o amigas, más feos salimos en las fotos. Decir que alguien sale feo en una foto se revela ahora como signo de aprecio. Algo sobre lo que conviene reflexionar antes de enfadarnos cuando nos llamen feos, siempre que sea en una foto.

Tomado de:  http://cienciaes.com/quilociencia/2010/09/27/por-que-no-eres-tan-guapo-como-crees/

Cómo eres, cómo te ven

La percepción de nosotros mismos no siempre coincide con la que tienen los demás. ¿Es eso bueno o malo? ¿Hay que decirles siempre a los demás lo que pensamos de ellos? ¿Y si son los demás los que nos ven de forma diferente a como nos vemos nosotros? Te adelantamos que todo ello tiene mucho que ver con la autoestima.

Chica se mira en un trozo de espejoLa opinión y valoración que tenemos de nosotros mismos es lo que llamamos autoestima, pero no siempre coincide con lo que transmitimos a los demás, para bien o para mal. A veces la gente que más segura se muestra es la que más complejos tiene; y hay quien tiene una imagen corporal pobre de sí mismo mientras para los demás resulta atractivo. Los ejemplos son innumerables, así que vamos a intentar aclararte por qué se producen estos desfases y qué podemos que hacer cuando la percepción que tenemos de nosotros mismos no coincide con la De los demás.

Si tus amig@s te han dicho cosas sobre ti que no solo te han sorprendido sino que te han resultado inaceptables y con las que en absoluto te identificas, párate a pensarlo bien antes de romper esa amistad. O tus amigos no son tales, o tú tienes una idea algo equivocada de cómo eres o cómo te comportas en realidad.

Cómo se construye la autoestima

La autoestima se construye, se forma y se desarrolla progresivamente a partir de las experiencias que tenemos en el ambiente en el que vivimos. La autoestima es algo que se  aprende, y por tanto, se puede mejorar.

Los conceptos y valoraciones que vamos formándonos sobre nosotros mismos los aprendemos desde niños y vamos construyendo nuestra autoestima y el concepto que tenemos de nosotros mismos también en función de cómo creemos que nos ven los demás.

Los comentarios, elogios o críticas de los demás son como un espejo para nosotros. Aprendemos a valorarnos en la medida en que nos sentimos valorados por los demás. Si nuestros padres, maestros u otros adultos nos han transmitido aceptación y opiniones positivas respecto a nosotros, nuestra autoestima se habrá construido sobre una base más sólida.

Pero en psicología también se maneja el término de autoconcepto, que es  la percepción que tenemos de nosotros mismos, es decir, cómo nos describiríamos a una tercera persona. La autoestima añade al autoconcepto cómo nos valoramos y queremos a nosotros mismos, cómo nos sentimos en nuestra piel. La autoestima está formada por la relación entre la percepción o autoconcepto y nuestro “yo ideal”. La diferencia o distancia entre ambos definirá nuestra autoestima.

Cómo nos influyen los demás

En una entrevista del científico español  Eduard Punset al profesor de Biología Evolutiva de la Universidad de Oxford, Robin Dunbar, se afirma que el cerebro ha evolucionado para tener la capacidad de relacionarnos con los demás. Según Dunbar somos capaces de gestionar grupos sociales de 150 personas aproximadamente.

Pero es importante que asumas que no podemos agradar o resultarles  atractiv@s a todas las personas que forman nuestro grupo social. Por esta misma razón es muy difícil que todas estas personas nos perciban como poco atractivos, así que no te castigues obsesionándote con lo que los demás piensan de ti.

Como se recoge en esta entrevista, la percepción que tienen los demás de nosotros muchas veces está condicionada por nuestra propia percepción. “Si nos etiquetamos como poco atractivos o poco aceptados por los demás, podemos llegar a tener actitudes en concordancia con la creencia que tenemos de nosotros mismos”, afirma Dunbar. También hay que tener en cuenta que la autopercepción es algo variable que puede verse afectada por el estado de ánimo. Si tienes un mal día es muy posible que te veas mucho más fe@ o torpe de lo normal, pero le ocurre a todo el mundo, hasta a las súper modelos y actores de Hollywood.

Mantener un autoconcepto y una autopercepción positiva y rodearte de personas que te hagan sentir bien será importante para mantener en forma tu autoestima y relacionarte de forma adecuada con los demás. Pero una cosa son las opiniones positivas y otra los halagos o la gente que te dice siempre lo que tú quieres oír.  También es importante que sepas encajar las críticas de las personas que te aprecian, ya que pueden ayudarte a ajustar la percepción que tienes de ti mismo. Esa posible distancia entre tu ‘yo ideal’ y el concepto que tienes de ti es la causante de que, de entrada, nos tomemos tan mal las críticas de los demás.

El ‘área ciega’

A la mayoría de nosotros nos preocupa cómo somos percibidos por los demás. Una investigación de la Universidad de Chicago demuestra que para comprender mejor cómo somos vistos por los otros es necesario cambiar el autoconcepto, es decir, la imagen que tenemos de nosotros mismos. La razón es que solemos  creer que sabemos lo que piensan los demás de nosotros, pero la mayoría de las veces nos equivocamos.

En este estudio se consiguió demostrar que cambiar la perspectiva que tenemos sobre nosotros mismos nos ayuda a predecir mejor lo que los demás piensan de nosotros. Para ello hay que tener en cuenta que, mientras los demás nos consideran de un modo general, nuestro autoconcepto está basado en los detalles. Los investigadores lo explican con un ejemplo sencillo: “si nos vemos a nosotros mismos a través de un microscopio y los demás lo hacen a través de unas gafas, nos preocuparemos de cosas pequeñas que no nos deberían afectar, o nos sentiremos orgullosos de detalles pequeños en los que nadie se está fijando”.

Tener una percepción ajustada de cómo nos perciben los demás es importante no solo en el terreno personal sino a la hora de relacionarnos en el instituto, la universidad o en el trabajo, con nuestros profesores, jefes, compañeros o empleados.

La clave para no distanciarnos demasiado de lo que los demás perciben de nosotros es estar dispuestos a escucharlos y a cambiar el punto de vista que tenemos de nosotros mismos. Como señalan los investigadores de Chicago, “el problema que la gente tiene a la hora de tener intuiciones respecto a las impresiones que provocan es que saben mucho sobre ellos mismos y muy poco sobre los demás”.

Lo que los demás perciben de uno, pero uno es incapaz de percibir de sí mismo, y que suelen ser las cosas que más nos cuesta aceptar, fue denominado por Joseph Luft y Harry Ingham “área ciega”. Esta zona constituye un área de oportunidad, ya que permite conocer cómo uno es percibido y, en consecuencia, cómo los demás se pueden posicionar ante nosotros. La relación interpersonal y aceptar las críticas de los demás puede hacernos conquistar este área aunque nos resistamos a admitir humildemente que somos así o que tenemos tal o cual carencia o limitación. Algo difícil de conseguir, pero que mejorará mucho nuestras relaciones con el entorno.

Es normal que haya cierta distorsión entre nuestro autoconcepto y la realidad. Algunas personas se ven como más o menos capaces, más o menos inteligentes, más o menos guapas o delgadas de lo que son. Pero cuando este desajuste es muy grande se produce una psicopatología que necesita tratamiento.

Por:  AMALIA PANEA

Tomado de: http://gacetajoven.com/psy/como-eres-como-te-ven/

Las parejas realmente terminan pareciéndose entre sí

Un estudio británico confirma una ancestral creencia popular
 

Las personas que viven mucho tiempo juntas terminan pareciéndose físicamente una a la otra, según ha comprobado un estudio realizado por científicos británicos sobre el análisis de fotos de 160 parejas. Esto es debido por un lado a que la personalidad marca nuestras facciones faciales, por lo que el compartir experiencias y modos de ver la vida, acaba por definir nuestros rasgos de manera similar. Por otro lado, las similitudes entre los dos miembros de una pareja se desarrollan porque ambos parten de una base genética común, ya que elegimos a las personas según patrones similares a los nuestros con la finalidad de perpetuar nuestras características en la especie humana. Por Vanessa Marsh. 

ANTHONY LITTLE y DAVID PERRETT.
ANTHONY LITTLE y DAVID PERRETT.
Cuanto más tiempo vive una persona en pareja con otra persona, más crecen las similitudes físicas entre ellos, según un estudio realizado por científicos de la Universidad de Liverpool, en colaboración con las universidades de Durham y de St Andrews.

El estudio pretendía analizar las razones por las que los miembros de una pareja tienden a parecerse el uno al otro y concluye que el desarrollo de parecidos comunes entre los dos miembros de una pareja podría derivarse del hecho de compartir y sentir numerosas experiencias comunes.

Pero también existe una razón añadida: no elegimos nuestras parejas porque sean diferentes a nosotros -siguiendo una ley de equilibrio- sino que, por el contrario, nos atraen aquellas personas en las que vemos puntos en común, tanto en la personalidad como genéticamente (en este sentido, con la intención biológica de perpetuar nuestros propios genes).

Los investigadores, dirigidos por Tony Little, de la School of Biological Science de la Universidad de Liverpool, pidieron a los participantes -11 hombres y 11 mujeres- que opinaran acerca de la edad, el atractivo y la personalidad que podían tener los miembros de 160 parejas de casados. Para ello, se les mostraron una serie de fotografías en las que aparecían las esposas y los maridos por separado, de manera que los participantes no supieran quién estaba casado con quién.

Realmente se parecen

Los resultados demostraron que la creencia popular de que los miembros de las parejas, sobre todo de las que han vivido durante muchos años juntas, se parecen, resultó ser cierta: los participantes en el estudio señalaron más similitudes entre aquellas personas que más tiempo llevaban unidas.

Según explica Little en un comunicado de dicha universidad, esto es debido a que la personalidad marca nuestras facciones faciales, por lo que el compartir experiencias y modos de ver la vida acaba por definir nuestros rasgos de manera similar.

Por otro lado, también se demostró que las personas eligen parejas con una personalidad parecida a la suya, basándose en rasgos faciales que marcan las características de la personalidad.

Si, por ejemplo, una mujer tiene un rostro que señala que es una persona “sociable”, lo más probable es que su marido tenga unos rasgos que denoten la misma característica. Es decir que, cuando elegimos con quien nos emparejarnos, ya nos parecemos a nuestro futuro compañero o compañera.

Cercanía genética

Existe una razón biológica para que nos gusten las personas que se nos parecen: buscamos a los que son genéticamente similares. Estudios científicos han demostrado al respecto que las parejas genéticamente parecidas tienden a vivir felizmente unidos. Las similitudes de la personalidad y de las características físicas reflejan el parecido que pueda haber entre nuestros genes.

En la atracción sexual, en el caso de los animales, actúan decodificadores genéticos que producen el intercambio de información que hace que el macho se acerque a una hembra determinada.

Según los psicólogos genetistas, esta ley también funciona en los humanos, lo que produce que en nuestros cerebros se disparen las sustancias químicas que generan la atracción y el anhelo de unirse. Este deseo tiene un fin subyacente e imperativo: el de la conservación y perpetuación de la especie.

Rasgos determinantes

El estudio de Tony Little ha indicado, por otra parte, que las personas se fijan ineludiblemente en determinados rasgos para definir la personalidad de alguien, tal y como se desprende de la observación que hicieron los participantes de las fotos de las 160 parejas. Los ojos y la sonrisa son los caracteres que más información aportan de una persona a este respecto.

La forma de la cara también es determinante. Por ejemplo, la combinación de rasgos masculinos, una barbilla larga y cejas prominentes, suele hacer pensar que la persona es desagradable y poco colaboradora, ha declarado Little a la revista LiveScience.

Little tiene en marcha ahora un nuevo estudio on line sobre la personalidad y la edad de los participantes, y sobre cómo éstos condicionan y definen su propio atractivo. El análisis incluye tests de preferencias faciales, y examinará si las características físicas y de personalidad de los individuos influyen en su elecciones de unos u otros rostros. También se quiere averiguar si la percepción de la información que nos dan los rasgos faciales varía si los individuos que la reciben está emparejados o no. 
 
Tomado de: http://www.tendencias21.net/Las-parejas-realmente-terminan-pareciendose-entre-si_a880.html

¿Existe el amor a primera vista?

Un estudio de investigadores británicos de la Universidad de Bath dice que el amor verdadero en una pareja se demora doce meses - en promedio - en llegar, y nace de un equilibrio entre pasión, intimidad y entrega.

Pero una investigación anterior, de la Universidad de Ohio, en Estados Unidos, concluyó que las personas deciden en los primeros tres minutos de conversación si "esa persona" vale o no la pena.

¿Alguna vez miraste a una persona y sentiste como si te caminaran hormigas en el estómago? ¿La primera vez que viste a "esa" persona tus pulsaciones se fueron a las nubes y sentiste que el corazón se te subía hasta la garganta? ¿Sabes de alguien que conoció a su "media naranja" y supo en ese momento que se casaría con el(la)?

A eso le llaman "amor a primera vista", algo que siempre ha estado en medio del debate... ¿Existe de verdad o es puro cuento?. Aquellos que defienden la química instantánea siempre han creído que sí. En cambio, otros aseguran que hay que conocerse profundamente, que es imposible que con tan solo una mirada dos personas se lleguen a enamorar. 

Recientemente científicos británicos de la Universidad de Bath le dieron la razón a estos últimos. Según los estudios que realizaron, alcanzar "el verdadero amor" puede demorarse hasta doce meses. 

Los científicos estudiaron las relaciones amorosas establecidas a través de la página de contactos “Match.com”, durante seis meses. Según el informe, el amor verdadero y profundo sólo se registró en parejas que mantuvieron una relación de 12 meses, en promedio.

Además, en opinión de los expertos, el amor verdadero surge de una amalgama de tres componentes indispensables: pasión, intimidad y entrega.

En total fueron estudiadas 147 parejas, de las cuales el 61 % manifestó que disfrutaba de altos niveles de intimidad, pasión y entrega. En la mayoría de los casos, en ese grupo el período promedio de la relación amorosa se extendió a 12 meses.

El estudio concluyó también, que los hombres son más propensos a encontrar el verdadero amor que las mujeres.

Del total de consultados, el 67 % de los hombres y el 57 % de las mujeres afirmó que sí experimentó el amor verdadero. Por su parte, el 16 % de los entrevistados manifestó que disfruta de un “amor compañero”, que es caracterizado por altos niveles de intimidad y de entrega, pero sin demasiada pasión.

Entre las parejas que recién se conocieron, la mayoría manifestó que no disfruta del amor verdadero y aclaró que sus niveles de pasión, de entrega y de intimidad eran demasiado bajos como para que resultaran en un amor verdadero.

El médico que dirigió la investigación, Jeff Gavin, aseguró que el amor es un indicador importante del éxito, estabilidad y satisfacción de una pareja. "El amor es un concepto multifacético, pero fue estudiado en nuestra investigación como un conjunto de sentimientos de intimidad, pasión y entrega que se siente por la pareja. Hasta ahora, no se había estudiado al 'amor' de esta manera" (La Gaceta). 

Pero mucho ojo, los británicos no tienen la única - aunque sí la última - palabra sobre el tema. Dos años atrás, investigadores de la Universidad de Ohio, en EE.UU., llegaron a la conclusión exactamente contraria: el amor a primera vista ¡sí existe!. 

Una rápida decisión

En el año 2004 los investigadores de la Universidad de Ohio realizaron un estudio sociológico con 164 estudiantes, en el cual concluyeron que las personas deciden qué clase de relación desean tener con alguien a los pocos minutos de conocerla. 

De acuerdo a lo que explicaron los científicos, tras pasar un lapso de entre 3 y 10 minutos con quienes estaban conociendo, los estudiantes llenaron un cuestionario con sus impresiones. Luego de algunos meses, los que habían tenido impresiones favorables habían profundizado la relación.

Y es que, según el estudio de estos expertos - que se publicó en la revista británica Journal of Social and Personal Relationships, la persona no quiere perder nada de tiempo y aprovecha cada segundo desde el momento de conocerse.

Los expertos interrogaron a los voluntarios sobre sus características afines y acerca de cuánto de gratificante tenía "la primera impresión del encuentro". 

Luego del primer encuentro, que duraba tres, seis o diez minutos, los estudiantes completaban un cuestionario en el que se les pedía que predijeran cómo se iba a desarrollar la relación. Además, debían indicar qué tanto les había gustado la persona que habían conocido recientemente, y cuánto tenían en común.

Después de nueve semanas fueron consultados nuevamente para conocer qué tipo de relación siguieron con sus parejas. Los jóvenes que habían pronosticado una relación positiva se inclinaron a fortalecerla. 
 
Ellos mismos fueron, además, quienes tendieron a sentarse más cerca de su compañero (a) en clases y a hablar más con esa persona.

Esta vez (luego de las nueve semanas) los estudiantes volvieron a llenar cuestionarios, y esas respuestas coincidieron con las que dieron nueve semanas antes. 
 
Y mucho ojo, que los resultados fueron los mismos para las personas que hablaron tres, seis o diez minutos.

El co - autor del informe, Artemio Ramírez, manifestó que eso había sido como una profecía autocumplida. Se hace una predicción de la clase de relación que uno podría tener con una persona y eso ayuda a determinar cuánto esfuerzo estamos dispuestos a poner en esa relación que se está desarrollando. 

Y es que si yo pienso que puedo hacerme amigo de alguien, entonces me voy a comunicar más, le contaré más acerca de mí y haré cosas que aseguren que la amistad se continúe desarrollando.

Por el contrario, si tengo una predicción negativa acerca del futuro de una relación, voy a restringuir la comunicación y haré más difícil que ésta se desarrolle. En ese caso, no existirá el "amor a primera vista"... así de simple. 

¿Qué pasará entonces cuando sientas esos cosquilleos? Hay dos posibilidades: ya no le podrás echar marcha atrás si es que la semilla del amor se instala en los primeros minutos, o tendrás que esperar un año - como mínimo - para saber con certeza si es "el hombre" o "la mujer" de tu vida.


Algunas frases sobre el amor 

- "Uno está enamorado cuando se da cuenta de que otra persona es única" (Jorge Luis Borges)

- "El camino no es largo cuando amas a quien vas a visitar" (anónimo)

- "El amor y la tos no pueden ocultarse" (proverbio italiano)

- "Quien puede decir cuanto ama, pequeño amor siente" (Francesco Petrarca)

- "La medida del amor es amar sin medida" (San Agustín)

- "Todo lo que sabemos del amor es que el amor es todo lo que hay" (Emily Dickenson)

- "El más poderoso hechizo para ser amado es amar" (Baltazar Gracián)

- "Cuando el amor es feliz lleva al alma a la dulzura y a la bondad" (Victor Hugo)

- "El amor es la poesía de los sentidos" (Honoré de Balzac)

Tomado de: http://www.entelchile.net/familia/ciencia/amor_primera_vista/primera3.htm